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12:18h. Domingo, 16 de Diciembre de 2018

Entrevista a OMAR SY, protagonista de "EL DOCTOR DE LA FELICIDAD"

"TRABAJAR CON UNA CINEASTA MUJER FUE UNA EXPERIENCIA MAGNÍFICA. PROBABLEMENTE NADIE MÁS HABRÍA PENSADO EN MÍ PARA UN PAPEL DE ESTE TIPO"

 

¿Cuál fue su reacción cuando la directora, Lorraine Lévy le habló de este proyecto?

Omar SY: Yo no conocía el personaje ni la obra de Romains. De hecho, no lo estudié en la escuela, y esto creo que le gustó. No sabía nada sobre el Dr. Knock, de modo que todo era posible. Ella me explicó cómo se imaginaba el personaje   y por qué quería que lo interpretara. Estuvimos horas en una cafetería hablándolo. Luego me explicó cómo imaginaba la adaptación. ¡Y al instante empecé a interesarme en Knock!

Usted pidió un tiempo para pensárselo antes de aceptar. ¿Por qué?

O.S: Me preguntaba si tenía derecho a interpretar a este personaje y si era capaz de hacerlo. Antes que yo Knock fue interpretado por grandes actores: Louis Jouvet, Fabrice Luchini. ¿No es como para preguntártelo?

¿Qué le sugirió la interpretación de Louis Jouvet?

O.S: ¡Me dio miedo! ¡Me aterrorizó! Porque es magnífica, fría, punzante, escalofriante. Yo me sentí incapaz de interpretar un papel tan oscuro. Afortunadamente, ya había leído el guion de Lorraine y sabía que nuestro Knock sería más suave, más enfocado en el lado positivo que en el oscuro, y que sería más humano. Ya vi que iba a jugar en un terreno distinto.

¿Tuvo algún otro temor?

O.S: Por supuesto. Nos enfrentábamos a un clásico. Y un clásico... ¡es sagrado! Nos arriesgábamos a ser criticados por tomarnos las libertades que se tomaba el guion. En mi cabeza se repetía la pregunta una y otra vez: ¿Se puede modificar un texto de repertorio, cambiarlo de época, desviarlo? Ahora, sin embargo, siento que esta era la única forma de abordarlo de una manera contemporánea.

¿Qué quiere decir?

O.S: Por ejemplo, situar la película en los años 50 es sorprendente, pero fue una forma de respetar la obra de Jules Romains. No nos salimos de contexto por completo. Y colocar a un médico negro en una aldea francesa durante esos años, y sin hacer que su color de piel sea un “problema”, eso es algo muy atrevido.

En efecto, el personaje de Jules Romains es blanco…

O.S: …Y ya ves que no afecta a la película. Negro o blanco, sigue siendo  el  Knock  de  Jules Romains. Lorraine habría podido ir a lo fácil y jugar con esta diferencia, pero no: Lorraine se va al lado totalmente opuesto. Ella nunca habla de esto, en ningún momento saca el tema: sus ojos no ven que este médico sea negro. Lo que le interesa es la sensación de los vecinos del pueblo frente a este extraño que desembarca en sus casas.

Él es extraordinario, diferente, hasta abrumador, pero...

O.S: ¡…pero no precisamente por su color de piel! A muchos inversores les habría gustado ver a Lorraine lidiar con el racismo. Pero ella valientemente los dejó de lado para hacer la película que quería. Una decisión íntegra. Ella nunca cedió ni aceptó ningún compromiso de este tipo. Nos estuvimos enfrentando a estas dificultades al comienzo de la aventura, lo cual no hizo más que fortalecer nuestra relación. Yo sabía que podía confiar en ella, que se comprometería. Y eso es lo que hizo.

Su interpretación de Knock es muy distinta de la de Jouvet, sin dejar de ser fiel al personaje: también manipula a los vecinos a la vez que se ve devorado por la misma ambición.

O.S: El éxito se le sube a la cabeza. Paradójicamente, creo que aquí es donde mejor se refleja su humanidad. Él no es solo un manipulador, pero se mete en una carrera que ya no controla. No sabe por qué está corriendo ni detrás de quién; simplemente no puede parar y va demasiado lejos. Se ve superado por la vida y por lo que realmente importa en la vida, aunque se trate de un recuerdo que sale a la superficie. Esta humanidad y este alivio dicen mucho para mí. Y eso es lo que eché en falta en la versión de KNOCK O EL TRIUNFO DE LA MEDICINA de Louis Jouvet.

Háblanos del camino que recorre su personaje antes de acabar sustituyendo al doctor Parpaleid.

O.S: En la versión de Lorraine, es muy importante que Knock no aparezca de la nada. Sabemos de dónde viene, entendemos sus aspiraciones de encontrar un lugar bajo el sol y el trabajo que le costó lograrlo. No se trata de un charlatán. De hecho, no sueña con ningún lugar privilegiado, sino con un lugar, sin más. En el camino se da cuenta de eso y termina encontrándolo.

Knock se enfrenta a una galería de personajes, cada cual más marcado. Cuq y su avaricia, Pons y su Neurastenia, Madamme Mousquet y su erotomanía…

O.S: Yo nunca he hecho teatro. La única vez que subí a un escenario fue para interpretar los sketches que escribí junto a Fred Testot. Y pensé: “Yo no estoy hecho para esto, no lo volveré a hacer”. Pero aquí me encontré de repente ante unos actores que en su mayoría provenían del teatro, con unos personajes muy potentes y claramente dibujados. Era como bailar un vals diferente con cada personaje. Fue una experiencia muy fuerte, muy afortunada. Aquí me vinieron ganas de hacer teatro. Creo que ya no puedo decir que no estoy hecho para esto.

¿La experiencia teatral de sus compañeros ha modificado su forma de actuar?

O.S: Sí, claro. Tienen otra forma de escuchar, otro ritmo y otra técnica. El intercambio con ellos es diferente, casi orgánico. Yo, que actúo por instinto, tuve que aprender a manejar sus herramientas. Su técnica me fascinó, su forma de ser también. En el teatro, la jerarquía es menos marcada que en el cine, especialmente entre los actores. Como si todos pusieran su grano de arena para erigir un monumento. Me gustó mucho.

¿Cómo preparó su personaje?

O.S: Hicimos una búsqueda conjunta con Lorraine. Físicamente, quisimos marcar una diferencia entre el Knock del principio y el que llega a la estación, que ya va trajeado. Trabajamos en sus andares y aprendí a ir más erguido, como si estuviera aprendiendo un paso de baile. También tuve que trabajar mi dicción: era impensable que comiera palabras o que hablara con la velocidad que yo hablo. Me encantó este trabajo. Sentí que me iba a hacer progresar, que me daría nuevas herramientas y me llevaría a un universo distinto.

Es la primera vez que rueda con una cineasta mujer.

O.S: Y fue una experiencia magnífica. Un verdadero flechazo en lo humano y en lo profesional. Lorraine no me eligió por un impulso, sino por razones que realmente justifica. Vio cosas en mí que otros no habían visto, ni siquiera yo mismo. Probablemente nunca me habrían permitido hacerlo, ni siquiera pensar en un papel de ese tipo si ella no hubiera venido a mí. Lorraine logró expandir mi rango de posibilidades.

¿Cómo es trabajar con ellas?

O.S: Lo primero que hay que hacer es escuchar, porque sus opiniones son apasionantes. A continuación, buscamos con ella, ensayamos, intercambiamos puntos de vista… es un trabajo realmente colectivo, muy agradable. Al rodar, en seguida sabemos si una toma es buena o no. Y si no lo es, Lorraine alcanza sus objetivos con tanta determinación como dulzura. Me he encontrado con directores de cine exigentes que te contagiaban su ira y sus turbulencias. Pero con ella nunca ha sido así. Y es sin duda porque proviene del teatro. Sabe cómo hacer equipo.

El estreno de "El doctor de la felicidad" llega en un tiempo de futuro desesperanzador para el emigrante.

O.S: Desgraciadamente, me pregunto si el tema de la inmigración no es un problema enquistado para siempre. Estaba presente cuando Romains escribió la obra y siempre lo ha estado.

Knock se aleja de los papeles que usted ha hecho hasta ahora.

O.S: Odiaría hacer siempre la misma película, y me gusta el contacto con la gente que tenga historias que me conmuevan; historias de la vida, de humanidad, de luz, de esperanza. Reivindico mi fe en el ser humano porque estoy convencido de que tiene bondad. Si el cine puede proporcionar un momento agradable, algo brillante, abrir una puerta a un mundo mejor y más positivo, ¡compro!

Los filmes que rueda en Francia cumplen con este perfil. ¿Por qué ir a EEUU a hacer de malo?

O.S: Un actor francés en Estados Unidos no puede hacer de otra cosa que de malo de la película, es lo que hay. Pero lo encuentro divertido. A mí me gusta actuar, y hacer de malo en una producción supertaquillera también me puede llegar a gustar. En Francia tengo la suerte de poder elegir, y me aprovecho de ello mientras pueda.